viernes, 31 de mayo de 2013

Finales... Qué espantosa palabra.

Para la mayoría de universitarios, por lo menos para los que nos queremos graduar, "Finales" significa mas o menos un mes sin dormir, comer y descansar como es debido. Ojeras, despeine, desaliento y acné... En medio de este entorno transcurrirá la historia de hoy.

Con 5 finales para presentar en 2 semanas y sin haber presentado los terceros parciales de una de las materias, uno se pone un poquito impredecible, básicamente una función senoidal de emociones alimentada por una dieta de energizantes, galletas, The Beatles y AC/DC. 
Y allí me encontraba yo, caminando hacia la oficina del profesor más "Madre" de la facultad, el más cuchilla, cascarero y aparentemente "mala gente"... Pero no, él es mi profesor favorito... Llegué a mi destino, toqué la puerta, saludé y entré.. Se sentía esa perturbación en la fuerza, como si algo malo fuera a ocurrir. Me miró y lo único que me dijo fue... -Damita, siéntese y revisemos sus parciales.- Me comencé a sentir protagonizando una de esas películas cómicas dónde el jefe manda a llamar a su subordinado y comienza a regañarle por su trabajo tan mediocre, mientras el subordinado se va encogiendo con cada uno de los regaños hasta que queda reducido a nada entre sus ropas. -"Francamente no sé cómo se fue a equivocar en esta bobada. Yo sé que usted sabe, pero con estas notas más le vale que se luzca en el final" -"Me parece muy triste viniendo de una de las estudiantes más talentosas" ... Y yo ahí, colorada y asintiendo con la cabeza a cada cosa (¿Por qué que mas hace uno? sino aceptar la culpa) , como una condenada a muerte, revisando las "burradas" cometidas, hasta que por fin hablé -¡Por Buda! ¿¡Yo escribí eso!? ... Profe, lo siento mucho.- Sí, me sentí muy mal, ese profesor a veces me regaña como si fuera mi abuelo... Y se me escaparon un par de lagrimitas (sólo un par- esto tiene que quedar muy claro).

Justo cuándo pensé que podría superar la semana sin quebrarme, terminé demostrando lo mimada que soy delante del profesor más condecorado de la facultad. ¡Bien, excelente, maravilloso! Hemos llegado al punto donde ya no se le puede llamar a esto, un mal momento. 
Y pues nada, me dijo que estudiara para el final, que aún había posibilidad de pasar y se hizo el pendejo con mi pequeño espectáculo como para que me quedara un poquito de dignidad.

¡Ya quiero vacaciones!


-Irene con ojeras.

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