viernes, 31 de mayo de 2013

Comensalismo del puro

A veces no sé cómo sentirme al respecto, al parecer siempre soy aquella insulsa y tonta niña que por pereza, termina cediendo un poco de su genialidad; diré y ¿A quién no le ha pasado?; A veces uno se rodea, más bien, se encuentra atestado de inútiles, realizando diariamente esa interacción biológica de comensalismo, sí, pues estoy hablando de todos aquellos que pretenden que uno sea la fuente de soluciones y no esperan nada mas y nada menos a que uno haga todo el trabajo.

Así tengo ya varios parásitos en mi vida y hablo este tema porque deberíamos hacer una protesta en contra de estos malvados depredadores, refiriéndome a aquellos compañeros que son unos recostados porque en definitiva no hay cosa más espantosa que el compañero chupasangre, ese que yo tengo, el que ha tocado el límite de la conchudez, pues es de esos que llaman a media noche a preguntar ¿Qué cómo estoy? (pues como voy a estar, cansada de luchar todo el día con rémoras, para que tú me llames a continuar con la historia) para terminar la conversación, con: -¿Sabes cómo era ese trabajo?... Que no se qué, que no lo pude hacer, ¿podrías por favor ayudarme?-... Sí, es ese mismo tipejo que intenta seducirme cada vez que se ve envuelto en problemas, es allí entonces cuándo me empiezo a preocupar porque si esa es la única forma de conseguir hombres, estoy perdida, bueno y no sólo yo, como un millón de mujeres en el mundo están perdidas, entonces alcen sus manos... ¡Y niéguense!  ¡Que sufran el desprecio! porque definitivamente esos seres son por no decir mas: todos unos trogloditas. 

Definitivamente no permitan que estos se les arrimen para chuparles el intelecto, ¡No se dejen usar! porque en algún momento -el menos esperado- llegará un príncipe azul, {¡Qué va! Eso no llega} pero al menos llegará alguien con el cual la situación sea equilibrada.


Jane indignada.

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